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09 julio 2019

Aires de (des)cambio

El domingo, 7 de julio, los griegos volvieron a las urnas (por enésima vez en la última década) para elegir gobierno. La cita estaba prevista para principios de otoño, pero el ya ex presidente Tsipras decidió adelantarla, tras el batacazo de su partido en las elecciones europeas y municipales (también en Grecia) del pasado mayo. "Parece que esté deseando perder", me comentaba una amiga por teléfono hace un par de semanas. Todo el mundo anticipaba la victoria de Nueva Democracia, el tradicional partido del centro-derecha griego, liderado por otro Mitsotakis.


A los no familiarizados con la política griega el nombre del nuevo primer ministro, Kyriacos Mitsotakis, les debe de sonar realmente extraño (me dio la impresión que hasta en las noticias les costaba decirlo del tirón), pero en Grecia todo el mundo conoce de sobre al "pequeño" Culis (y así lo llaman muchos, recortando el ya diminutivo Kiriaculis), pues forma parte de una de las tres grandes dinastías políticas griegas (junto con los Papandréu y los Caramanlís): su padre, Constandinos Mitsotakis, primer ministro en los noventa era, también, sobrino-nieto de Elefcerios Veniselos, uno de los grandes líderes del país (estuvo al frente del gobierno hasta siete veces), y que da nombre al aeropuerto de Atenas. Su hermana, Dora Bakoyanni, fue alcaldesa de Atenas durante los Juegos Olímpicos de 2004 (cargo que ostenta ahora su hijo Costas Bakoyannis) y ministra de Cultura en el gobierno de su padre. El propio Kiriacos ocupó una cartera en el fugaz gobierno de Andonis Samarás (de apenas un año) justo antes de que Tsipras ganara las elecciones.

Así las cosas, el "cambio" por el que ha optado la ciudadanía griega parece quedar en entredicho. Para una gran parte de la población las políticas izquierdistas del gobierno de Tsipras no pasaron de las palabras, a pesar de remontar ligeramente la economía y sumar varios hitos como la aprobación de una ley igualitaria de parejas de hecho, el supuesto final del memorándum o el acuerdo polémico con la ya oficialmente Macedonia del Norte sobre su denominación. Eso por esto que más que de cambio podríamos hablar de "restauración"; parece que aupar de nuevo al poder al partido que, junto con el extinto PASOK, es responsable de la deriva griega en las últimas décadas vaya a cambiar mucho las cosas. El mero hecho de que el primer ministro sea, de nuevo, un Mitsotakis ya dice mucho de lo poco renovadas que están las aguas del panorama político. 

Cierto es que la formación y experiencia de Culis supera en mucho a la de Tsipras, que ha tenido que cargar, como tantos miembros de su gobierno, con el sambenito de "advenedizo", pero yo no puedo dejar de acordarme de Yorgos Papandréu II, vástago de otra de las grandes dinastías griegas, con una brillante formación académica en EEUU que de poco sirvió a la hora de llevar al país a la ruina. Los paralelismos están ahí y las comparaciones son inevitables. Tsipras prometió un cambio radical, una redención que nunca llegó. Quién sabe, puede que este Mitsotakis, que promete revertir ese "cambio" (que en verdad, nunca sucedió) llegue a conseguir algo. De momento, la gran noticia es que Aurora Dorada desaparece del Parlamento y no creo que nadie les eche de menos. 

23 agosto 2018

Ostracismo intramuros

Foto: Athensville
Lunes noche de agosto. Estoy con unos amigos en la terraza de un bar de moda en el barrio de Pangrati. La zona está animada, pero el ambiente es mucho más relajado de lo normal. Incluso quienes se quedan en la ciudad van a otro ritmo. Los temas del verano son dos: los incendios y la turistifación. Bueno, este último es más bien el tema del año, pero en verano se recrudece, cuando la horda de turistas inunda casi todos los barrios de Atenas y El Pireo, incluso los más degradados. Hace justo un año hablábamos de los apartamentos turísticos que estaban surgiendo por doquier, pero mis amigos griegos parecían no entender mis inquietudes: mientras que yo hacía hincapié en el nefasto impacto que la proliferación de los apartamentos turísticos (muchos de ellos, parte de esa falsa economía colaborativa) tenía en las principales ciudades españolas y cómo, poco a poco, veía que la situación llegaba a Atenas (poniendo como ejemplo, el barrio de Koukaki, que tan bien conozco), ellos parecían preocupados única y exclusivamente por el tema de la tributación (cómo debían gravarse y cuánto). Una preocupación lógica, habida cuenta de los problemas financieros del país, que les impedía, sin embargo, ver el problema en toda su magnitud.

24 julio 2017

TouristiFUCKation



Primera mañana en Atenas. Bajo a uno de mis cafés preferidos y me dejo imbuir poco a poco del espíritu helénico. La peatonal calle Olimbíu, que cuando me mudé aquí apenas se conocía fuera del barrio, está ahora plagada de cafeterías y bares y se ha convertido en uno de los hotspots atenienses. Aunque son casi las once, los cucakiotes aún se están desperezando y tengo la terraza del café casi en exclusividad, solo compartida con un hombre y su libro en una mesa apartada. Oigo las conversaciones del cafenío de abueletes un poco más allá. Digo mi primer calimera. Pido mi primer café. Ya estoy aquí.

25 enero 2016

Un año de (des)engaños

Hoy se cumple un año de la victoria histórica de Alexis Tsipras, un año desde que Grecia decidió pasar página, tal y como dijo el recién electo presidente a la nación y al mundo desde el propíleo del Rectorado de la Universidad de Atenas, ante una multitud eufórica y un extraordinario desplegue de medios nacionales e internacionales.


Recuerdo que aquellos días, no tan lejanos, una ola de optimismo y esperanza («La esperanza ya viene» fue el lema de la campaña de Syriza) inundó el ánimo de la inmensa mayoría de los griegos. Recuerdo la jura del cargo de Primer Ministro por parte de Tsipras, por primera vez sobre la Constitución y no sobre la Biblia. A pesar de algunas espinas, como la decisión de pactar con el nacionalismo trasnochado de los Griegos Independientes, en vez de con fuerzas más moderadas, al menos sobre el papel, aquellos primeros días auguraban vientos a favor de un cambio a mejor en las condiciones de vida y la autoestima del pueblo heleno.

Recuerdo también que tras tomar posesión del cargo, Tsipras acudió al monumento en honor a las víctimas del nazismo que hay en el distrito de Kesarianí, donde se perpetraron horribles matanzas durante la Ocupación alemana. Este acto estaba cargado de un simbolismo que hacía pensar que el nuevo gobierno se mostraría mucho más firme en las negociaciones con la Troika y que los griegos podrían aflojarse un poquito el cinturón que los estrangulaba desde hacía ya un lustro. El fichaje estrella de Syriza, Yanis Varufakis, iba a ser determintante para ello. Casi todos estaban exultantes y expectantes: algo nuevo, y bueno, comenzaba. Los nubarrones parecían alejarse para siempre... pero no fue así.

Incluso en aquellos días de resaca electoral y a pesar de esos actos simbólicos que me llenaron a mí también de esperanza, algo ensombrecía mi optimismo. Sabía no solo que no le iban a poner las cosas fáciles a Tsipras, sino que harían lo imposible para que el proyecto zozobrara. No había que ser un lumbreras; ese mismo año habría elecciones en Portugal y España, y no las altas esferas no podían permitir que este "desacato" se extendiera. Lo que no podía imaginarme, ni yo ni nadie, es que los griegos volverían a las urnas dos veces más ese mismo año, y que ej ambas saldría vencedor Tsipras... para nada. 

Un año después la situación de Grecia es igual, si no peor, que la que dejó el nefasto gobierno tripartito de Samarás, con el agravante de que ahora ni siquiera hay "oposición", y no hablo de oposición parlamentaria, sino de oposición a los "rescates", a las políticas de austeridad, a la primacía del capital a costa del tan cacareado Estado del Bienestar europeo... El gobierno de Syriza es, pese a ciertos gestos progresistas, como la legalización (por fin y no sin polémica) de las parejas de hecho para personas del mismo sexo, el brazo ejecutor (y firmante) de los memorandos negociados (léase impuestos) por la Troika, tal y como los gobiernos anteriores. La resistencia al statu quo, una parte escindida de Syriza, es mínima y no cuenta con grandes apoyos entre la ciudadanía. La izquierda se atomiza una vez más en un sinfín de partidos, grupos y grupúsculos, con su característico onanismo ético-filosófico de política de salón, que en la práctica a nada conduce. Y mientras se siguen privatizando puertos y aeropuertos, anunciando nuevos recortes a las paupérrimas pensiones, los conservadores de Nueva Democracia ya tienen nuevo candidato (un Mitsotakis, la tercera saga política del país), y aparecen primeros en las encuestas. 

Prometer al pueblo a sabiendas de que lo que apalabrado no es factible, desafiar al acreedor cuando no se tiene la fuerza para ganar la partida ni el arrojo para romper la baraja (Varufakis, al parecer, sí lo tenía, y eso le costó el puesto), movilizar al pueblo para luego firmar justo lo contrario de lo que votó, no trae sino más descrédito, más humillación y desesperanza. Solo deseo que la historia no se repita en España, cuando andamos buscando gobierno, justo un año después. A pesar de las diferencias más que notables, no logro obviar el hecho de que en los últimos tiempos las historias de ambos países parecen correr en paralelo. Ojalá me equivoque.

02 enero 2016

Frenesí

Dicen los griegos que depende de cómo te pille el año nuevo, así te irá el resto del año. A mí el dieciséis por poco no me encuentra corriendo a todo correr por las calles de Psirí al encuentro de mis amigos que me esperaban en una taberna. Eso me habría asegurado, al parecer, un año frenético... Claro que hubiera sido aún peor que el cambio de año me hubiera pillado en el taxi que me llevó hasta allí (y del que me arrojé casi literalmente a las doce menos cinco), en compañía de un señor gruñón que apestaba a tabaco...  Afortunadamente, llegué con el tiempo justo de saludar, sentarme y entonar al alimón el Pai o paliós o jronos ("Se va el año viejo"), cancioncilla entrañable que da la bienvenida al nuevo año. Misión cumplida, pues.  


Atenas recibe el año ambientadísima, con las calles a rebosar de luces y gente, a pesar de los rayanos cero grados y la nevisca de la tarde. Aquí, a falta de un ritual tan tiránico como el de las uvas (¡en España sí que lo inauguramos estresados!), el cambio del año (que no hay necesidad de llamar campanadas) es poco más que un mero trámite. Claro está que es el pistoletazo de salida para el desfase venidero, pero sin darle demasiada importancia. El trasiego de gente que entra y sale de los locales es interminable e ininterrumpido, tanto antes como después de las doce... Mucho vino y aguardiente, comida y palamakia (palmas) al compás de la orquesta. 

La noche avanza y, como toca repartirse un poco, decido cambiar de compañía y ambiente. Me adentro en las empinadas callejuelas que separan Colonaki de Exarjia para unirme a más amigos en uno de esos bares recoletos con mucho y muy buen gusto, que reúne a gente de las artes y el teatro. Bien por ser ocasión tan destacada, bien porque la gente del "artisteo" suele tener otro temple, el bar está extraordinariamente animado, y casi todo el mundo baila (rara avis por estos pagos). La selección del dee-jay debe de ser muy acertada, pues el ambiente no decae en ningún momento, llegando al casi literal frenesí, cuando el repertorio deriva en los clásicos indiscutibles de los saraos griegos, tantos los propiamente suyos (de Macedonia a Creta) como los asimilados por adstrato (balcánicos, armenios...). En estos momentos es cuando uno se da cuenta, no sin cierta ironía, de la profunda veta balcánica y oriental, tan poco europea (con las denotaciones actuales del término) que existe en la cuna de Europa.

El año que despedimos ha sido, quizá, el más decisivo para Grecia a contar desde 2010, cuando la Troika y los memorandos irrumpieron con fuerza en su día a día. El desencanto de la política ha batido récords, así como el aguante de los ciudadanos. El año que empieza no se presenta demasiado halagüeño, pero si de algo estoy seguro, es de que el pueblo griego seguirá resistiendo y, pese a todo, disfrutando al máximo de la vida, danzando en corro con los brazos al viento hasta el amanecer. Con un frenesí de estos da gusto inagurar el año...  
Και του χρόνου, λοιπόν!

28 agosto 2015

Balance del verano

Y así termina el verano menos veraniego de todos los veranos griegos. Con esta frase lapidaria pretendía rematar este texto. Se me vino a la cabeza cuando ni siquiera tenía claro que fuera a escribir nada, o más bien no sabía qué iba a escribir. Sea como fuere, a la hora de la verdad, al abrir mi cuaderno de notas, he decidido que fuera la primera y no la última frase, lo cual me obliga a matizarla, dejando la puerta  abierta a un final más optimista.


Hace años que vengo afirmando (seguramente también por escrito) que si hay algo que caracteriza el verano griego, para mí, no es ni el sol ni el mar (que también), sino un continuo estado de despreocupación. Así como en la Antigüedad los Juegos Olímpicos eran un periodo de tregua sagrada a todos los efectos, el verano helénico supone una tregua de un par de meses en que los problemas cotidianos parecen, si no esfumarse, sí reducirse a dosis casi inocuas.

En mi percepción de este verano como "poco veraniego" influyen factores de diversa índole. Intento, no sin esfuerzo, desbrozar los estrictamente personales de los más generales y el balance global sigue dando poco veraniego, por sus bajos índices de despreocupación. Todo comenzó con el órdago del gobierno de Tsipras en forma de referéndum, lo que llevó al corralito y la polarización de la sociedad entre los partidarios del Sí y los del No. La victoria de este último en las urnas y su posterior derrota (humillante, diría yo) en Bruselas pasó factura a los ánimos de los griegos y la tensión de semanas dio paso a una honda decepción. Como prueba de ello, Atenas se resistía a vaciarse hasta bien entrado el mes de agosto. Todo el mundo parecía estar en guardia, a la espera de algo. Afortunadamente, la saudade importada en esas primeras semanas de corralito se fue esfumando conforme el sol iba calentando la llanura ática y poco a poco, mucho más discretamente que otros años, los atenienses fueron esparciéndose por tierra, mar y aire y, con ellos, también gran parte de sus preocupaciones.

Sin embargo, el Parlamento seguía funcionando a pleno rendimiento, trasnochando literalmente para votar el sinfín de medidas impuestas por Bruselas y propuestas por un gobierno a la deriva que finalmente habría de zozobrar. En la tarde-noche del veinte de agosto, la tregua estival se vio interrumpida por la dimisión del Primer Ministro, cuyo mensaje a la nación me sorprendió de camino a Atenas. La voz solemne de Tsipras, con el rozar de las ruedas sobre el asfalto como música de fondo, es uno de los momentos más emocionantes que me deja este verano, augurio del advenimiento de nuevos momentos históricos.

Superada esta pequeña recaída, el verano heleno vuelve a recuperar su pulso en la recta final y, como suele suceder, las cosas no son tan feas como las pintan. Sin ir más lejos, el corralito, una vez establecido y reajustado, es poco más que una anécdota en la vida cotidiana del griego medio. Es más, gracias al control de capitales, el pago con tarjeta se ha extendido de forma asombrosa, lo que favorece la recaudación de impuestos y facilita la vida del consumidor. No hay mal que por bien no venga y yo me pregunto si no habría que imponer un corralito también en España, para evitar la fuga de capitales...

Se avecina un invierno duro y lleno de incertidumbre para Grecia, pero al menos los griegos vendrán cargados de luz y mar para aguantar lo que les echen, como han hecho siempre a lo largo de su agistada historia. Y me vuelvo a reafirmar: no hay mejor antídoto para los males (del alma, del cuerpo y del país) que una isla griega. Y si es cicládica, mucho mejor. Amén.

09 julio 2015

Una extraña saudade

Todas las lenguas tienen palabras intraducibles, palabras que designan pensamientos o acciones intrínsecos de la cultura a la que va ligada. Lo es nuestra sobremesa, costumbre muy mediterránea, que aunque existe también en Grecia, aquí no recibe entidad propia y, por tanto, tampoco designación. Justo lo contario ocurre con el filótimo griego (su palabra intraducible por antonomasia), que contiene lo amable, lo hospitalario, lo cortés (filos, amigo) y lo honroso, lo justo (timí, honor).  Tener filótimo es tomar conciencia de lo que es correcto y bueno y ejecutarlo, comportarse de forma intachable, ofrecer lo mejor a la familia, los amigos y la sociedad. Muchos de los comportamientos que los griegos incluyen dentro del filótimo los reconozco como propios de mi cultura, aunque el español no tenga una palabra para designar todo ese compendio de virtudes.

04 julio 2015

Ni contigo ni sin ti


Llevo toda la semana pensando que debo escribir un post. Como cada vez que Grecia vive un capítulo importante. Sin embargo, no terminaba de atreverme porque en mi cabeza reina un pandemónium (palabra griega, por cierto) y realmente no sé qué decir. Finalmente, dado que en la última entrada (allá por el frío enero) hablé sobre el neonato gobierno Tsipras y estos días parece que se estuviera preparando para su funeral, me he atrevido a hacerlo.

08 mayo 2014

Sol, playa... y cemento

El gobierno griego ha considerado oportuno, ahora que se acerca el verano, hacer público su nuevo proyecto de ley de costas, que se ha convertido inmediatamente en trending topic. Y no es para menos, ya que, de aprobarse, las costas de Grecia podrían terminar pareciéndose a sus urbes contemporáneas, donde el hormigón armado y el asfalto son los protagonistas. 

13 enero 2014

Ningún amor

Estrenamos año con el estremecedor testimonio de Shaid, inmigrante iraní que fue salvajemente agredido por unos encapuchados en la plaza de Metaxuryío, en el centro de Atenas. Sin mediar palabra se abalanzaron sobre él, lo inmovilizaron y le arrancaron la oreja derecha de un mordisco. Ingresado de urgencia en un hospital público, Shaid no pudo recuperar su oreja. Tras recibir el alta médica, acudió a la ONG Médicos Sin Fronteras, que ahora difunde este vídeo en el que cuenta su testimonio, que remata con una advertencia: "Quisera decir a los inmigrantes que dejan sus países que quizá allí estén mejor. Yo no he visto ninguna civilización en Europa. Ninguna civilización. Ningún amor". 

Palabras duras, pero reales, pronunciadas en un escenario mítico: el Partenón visto desde la Colina del Filopapo. La civilización no es tal si se queda fosilizada en los libros de historia. ¿Puede que los griegos, los europeos, de hoy estemos sufriendo un paulatino proceso de incivilización, de deshumanización, que nos coloque aún por detrás de quienes habitaban esta tierra antes de que se convirtiera en cuna de la civilización hace miles de años?



17 junio 2013

Fundido en negro

El martes por la noche el Gobierno griego decidió clausurar la radiotelevisión pública y Grecia se convirtió en el único país europeo sin televisión estatal. Las reacciones no se hicieron esperar y esa misma noche, trabajadores del ente público secundados por ciudadanos "de a pie" ocuparon los estudios centrales situados en el distrito de Ayía Paraskeví. Tanto la forma en que actuó el gobierno (decretazo ejectuado en una sola tarde, sin pasar siquiera por el Parlamento) como la empresa acometida (mordaza a un importante medio de comunicación) recuerdan los días más grises del siglo pasado.

25 enero 2013

Descarrilamientos

Viernes, veinticinco de enero, cuatro de la mañana. Los MAT, los agentes antidisturbios de la policía, irrumpen en las cocheras del Metro, en el barrio de Sepolia, poniendo fin al encierro de los trabajadores de la empresa de transportes. Horas antes, el Gobierno ha ordenado la "movilización" del personal laboral, cuya desobediencia puede resultar en despido o, incluso, cárcel. La respuesta no se hace esperar: los huelguistas no solo se niegan a volver al trabajo, sino que el resto de transportes urbanos de Atenas (autobuses, trolebuses, tranvías, ferrocarril y cercanías) se retiran también en señal de protesta y solidaridad con los compañeros del metro. Resultado: tras ocho días de huelga ininterrumpida de metro (algunos de ellos, con huelga o paros en los otros medios), Atenas amanece hoy sin ningún transporte público en funcionamiento. 

22 enero 2013

Nada bajo tierra

Entrada a la estación 'Akropoli'
Martes, veintidós de enero. Una vez más el tiempo, casi primaveral, parece haberse apiadado de la suerte de los atenienses, que afrontan otra jornada, la sexta consecutiva, sin servicio alguno en la red de metro. Bien es sabido que en lo que a huelgas se refiere, Grecia es un país peculiar. Cuando en televisión se nos bombardea con la enésima huelga general en lo que va de año (el que sea), se suele obviar el detalle de que, en realidad, los paros afectan casi exclusivamente al sector público y que los sufridos trabajadores del sector privado acuden en masa a sus trabajos como un día cualquiera (lo que denota el enorme fracaso sindical de este país). Por otra parte, aquí el concepto de "servicios mínimos" brilla por su ausencia y, por lo general, cuando los trabajadores del sector público se ponen en huelga, especialmente en el sector transportes, no se mueve ni una hoja y, una vez más, los sufridos trabajadores del sector privado tienen que hacer el pino con las orejas para poder acudir a su puesto de trabajo. Y así, mes tras mes, año tras año. Porque los últimos dos años raro es el mes que no hay aunque sea un día de huelga en alguno de los medios de transporte urbanos.

10 diciembre 2012

Esto no es una crisis...

Otro post sobre la crisis. Qué se le va a hacer. Lo da la tierra, la española y la griega, por igual. Hace unas horas he sabido que Iberia cancela varias rutas a partir de enero de 2013. Una de ellas, la de Madrid-Atenas. La noticia es, sin duda, mala. No deja de ser paradójico que Grecia y España, dos países tan parecidos, aunque lo ignoren, dos primas hermanas que apenas se conocen por la barrera lingüística y porque se puso la vanidosa Italia de por medio, vayan a estar aún más lejos la una de la otra en un momento en que sus historias parecen (una vez más, no es la primera) converger en la desgracia. Reconozco que no soy fan de Iberia, más bien al contrario. Esta inquina arrecia estas semanas en que no sé si llegaré a tiempo a la mesa de Nochebuena, por las cinco jornadas de huelga consecutivas (hay una sexta, pero descolgada) que nos regala en nuevo intento de añadir al reencuentro familiar más emoción que el anuncio del turrón. He estado haciendo cálculos: en los últimos 15 meses he realizado 6 viajes (ida y vuelta) a España. De estos, tres los hice con Iberia. De los seis trayectos que componen esos tres viajes de ida y vuelta, Iberia canceló la mitad: dos por huelga y uno por causas sin justificar. Como comprenderán, volar esta Navidad con ellos no era mi primera opción (nunca lo es), pero era la única que se adaptaba a mis circunstancias. En cualquier caso, ahora ya todo eso da igual. De mi experiencia de la crisis griega he aprendido que ya no se pueden hacer planes con meses de antelación. Por lo que parece, esto empieza a ser así también en España.

Que nadie me malinterprete. No pongo en tela de jucio el derecho a huelga de nadie, pero en estos últimos tres años me he tragado más huelgas en Atenas que un español medio en toda su vida y he llegado a la conclusión de que en los tiempos que corren, las huelgas sirven de poco (por no decir de nada). Esto no es una crisis; es algo más, y sea lo que sea, parece que es inmune a las huelgas. Una crisis es algo que se espera (al menos, los entendidos en la materia aseguran verlas venir), es un capítulo más del cíclico devenir de la economía. Llega una época de recesión, se reajusta lo que se tenga que reajustar y después vuelve una etapa de desarrollo, de crecimiento, de expansión. Visto lo que están haciendo con Grecia (y lo que augura el panorama para otros países), lo que seguirá a esto no será una etapa de crecimiento, sino de reconstrucción, como la que sigue a una guerra. Este es ya un estado en ruinas (recalco lo de estado, porque una cosa es el estado y otra el país), saqueado en nombre del capitalismo.

El Rescate 2 (aprobado en febrero de 2012, ahora vamos por el 3, recién salido del horno) trajo consigo la supresión de los convenios de cada sector y la creación de un nuevo salario mínimo. Las consecuencias de aquella votación son visibles hoy: un empleado recién contratado en una tienda podrá cobrar 490€ a jornada completa. Uno a media jornada, tan solo 280€ (80 menos que la prestación por desempleo). Sueldos de pobreza. No son pocas las multinacionales que se han sumado al carro, mientras que las medianas y pequeñas empresas, para las que sus empleados son algo más que un número, intentan mantener unos sueldos más decentes. Es decir, las grandes empresas se están enriqueciendo aún más y es el pequeño empresario el que intenta mantenerse a flote sin tener que arrojar a nadie por la borda. Y estamos hablando del sector privado, de algunas de las multinacionales con ropa de marca carísima (me muerdo la lengua por no dar nombres) que, no creo que tengan mucho que ver con la deuda pública del Estado griego, pues, después de todo, estamos en una economía de libre mercado y bla, bla, bla... ¿no es eso lo que nos habían dicho? De repente, todas las empresas tienen graves problemas económicos, incluso mastodontes como Iberia. Hasta los trabajadores de IKEA en Atenas se pusieron en huelga, porque la empresa ha anunciado recortes en los sueldos. Me cuesta creer que la aerolínea no es rentable (¡a los precios que vuela!) como para tener que despedir a un cuarto de su plantilla, que se dice pronto. Lo único seguro es que su fusión con British Airways ha terminado como el apareamiento de la mantis religiosa. Del mismo modo, no creo que IKEA Hellas le suponga pérdidas a la compañía sueca. El problema es que, según el credo capitalista, el accionista tiene que aumentar sus ganancias sí o sí, con crisis o sin ella. Y si para eso hay que rebajar el sueldo de los trabajadores a la mitad, se rebaja y punto. Por cierto, un diputado griego cobra, si he entendido bien, alrededor de 8.000€ mensuales.

Pero esto no es solo la deuda griega. Pasemos a España, cuyo sistema sanitario y educativo (ahora parece que también de pensiones) se tambalea porque los dirigentes nos han pasado la factura de sus orgías con los bancos arruinados. Pero qué más da; al fin y al cabo, ellos pertencen al grupo de los poderosos. ¿Cuántos hijos de altos mandatarios van a colegios públicos? ¿Y cuántos políticos acuden a la Seguridad Social (pero de verdad, no para hacer una mininoticia en su tele autonómica y sacarle rédito electoral)? Lo que quiero decir con esto es que a los poderosos (defínanlos ustedes al gusto) no les importa lo más mínimo nada de esto, puesto que no les afecta: ellos, con o sin crisis, seguirán estando muy bien avenidos, tendrán sus recursos, mantendrán sus contactos y, sobre todo, una buena reserva económica para empezar de cero, en otro país si es preciso. El pez grande se come al chico. Alemania se come a Grecia. La clase dirigente se come a la clase media. British se come a Iberia y el directivo, al trabajador. Esto no es una crisis. Es un sálvese quien pueda.

10 octubre 2012

Más de lo mismo

Me llama mi madre a mediodía para preguntarme por la jornada de ayer. Yo al principio no sabía a qué se refería; después caí en la cuenta: las manifestaciones por la visita de Angela Merkel. En cualquier caso, aun habiéndome quedado claro cuál era la pregunta, no supe muy bien qué responderle. Porque en verdad, no pasó nada. Bueno, pasó lo de siempre... O sea, nada. Si bien es cierto que el despliegue policial y el "blindaje" del centro, con anulación temporal del derecho  de reunión (!) no es algo habitual, las manifestaciones de ayer fueron una gota más en el inmenso mar de marchas y protestas que ha anegado el centro de la ciudad, llevándose por delante muchos comercios y negocios de diversa índole, que han optado por emigrar a zonas más tranquilas, donde puedan realizar su trabajo con normalidad.

Foto de 2011 (bien podría haber sido de ayer)
Debo reconocer que no entendí las manifestaciones de ayer. Y me consta que, al igual que yo, muchos griegos tampoco. Por eso, aunque no fueron pocos los que se concentraron, no sé si podríamos calificarla de multitudinaria, tomando como referencia otras manifestaciones masivas, como la del febrero pasado, por poner un ejemplo. No seré yo quien defienda la postura de Alemania en esta crisis ni la figura de Angela Merkel, pero tampoco creo que sea inteligente ni útil demonizar a este país y a su mandataria por los funestos derroteros de la maltrecha Hélade. Al fin y al cabo, aquí cada palo aguanta su vela, y eso mismo hace Alemania; la desgracia de Grecia es que sus dirigentes son, además de corruptos, inútiles e intocables (están aforados). Admito, también, que desde las elecciones de junio, donde volvieron a ganar los de siempre (aunque in extremis y en una frágil coalición), no sé qué sentido tiene seguir paralizando la vida de la ciudad, día sí y día no, con huelgas de un sector público de por sí ineficiente y manifestaciones orquestadas por los grandes sindicatos de siempre (algunos de ellos politizados hasta la médula) que sólo reúnen ya a unos cuantos correligionarios. ¡Ojo! Que no se me malinterprete: no digo que el pueblo no deba manifestarse, sino que debe hacerlo cuando de verdad toca (ya se rumorea que el mes que viene se aprobarán más (¡por Dios!) sangrantes recortes), no a la primera de cambio y movidos por el populismo malicioso. Y sobre todo (¡sobre todo!), a la hora de la verdad: cuando se está frente a las urnas. Estas manifestaciones de medio pelo a mí me recuerdan a la parafernalia semanasantera: puro folclor, desprovisto ya de significado.

10 mayo 2012

Algo huele a podrido en Atenas

Si nos dejáramos la nevera de casa llena de comida y nos ausentáramos durante unos meses el resultado, a la vuelta, no podría ser otro que la podredumbre de frutas y verduras, la putrefacción del pescado otrora fresco, ahora mohoso, y la descomposición de aquella pechuga de pollo que palidece infestada de toxinas. En nuestra ausencia, ya fuera por placer o por necesidad, los hongos y las bacterias aprovecharon la ocasión para expandirse, reproducirse y perpetuarse a costa de la materia prima que almacenábamos en nuestra nevera, donde la atmósferaes ahora irrespirable. Algo parecido ha sucedido en la clase media urbana de Grecia, en general, y en particular, en el centro de Atenas. Mucho ha llovido desde la celebración de las Olimpiadas de 2004, en que la ciudad se engalanó y se modernizó para convertirse en el centro del mundo durante unas semanas.

21 abril 2012

Días de sol

Con la llegada de la primavera, una Atenas engalanada con árboles en flor y perfumada de azahar reúne a grupos de amigos que, a pesar de las circunstancias, deciden rendir tributo al sol, en la infinidad de terrazas de bares y tabernas que salpican la ciudad. Me uno yo también a este deshielo anímico tras un largo y crudo invierno y me reencuentro con personas que, por los azares de la vida urbana moderna, acentuados por la desgana derivada de esta crisis, llevaba meses sin ver. Cada una de ellas arrastra a la mesa del café su propio testimonio de cómo ha cambiado su vida en el último año.

15 febrero 2012

Cuando el pueblo se pronuncia

Que nadie se lleve a engaños. La manifestación del domingo en Αtenas fue con toda probabilidad la más numerosa de la historia de este país. Los medios abundaron en la idea de destrucción y delincuencia y no era para menos, pues el panorama era en verdad espectacular. Sin embargo, al establishment, al Poder (y, por ende, al Capital, que es, al fin, quien a día de hoy gobierna Grecia) le interesa que se propaguen estas imágenes, corriendo así una cortina de negro humazo sobre lo realmente clamoroso de la jornada: que el pueblo griego rechaza de plano este nuevo "rescate", mostrando una vez más su repulsa al gobierno de coalición impuesto (no electo). Y no solo en Atenas: hubo concentraciones en casi todas las ciudades del país. Extrañamente, en el caso de la capital, no hay datos oficiales sobre el número de manifestantes ni tampoco los medios han puesto especial énfasis en la cifra, que oscila entre 80.000 a casi un millón (!). Yo estuve allí y lo vi con mis propios ojos: ya no es que la plaza Syntagma estuviera a reventar (a pesar de que la policía gaseara literalmente al personal, desde bien temprano y sin razón alguna), sino que cientos de miles de personas rebosaban literalmente por calles y callejas, hasta alcanzar la plaza de Monastiraki por el oeste, la Puerta de Adriano por el sur... y hasta aquí puedo contar, porque me fue imposible avanzar más.

26 octubre 2011

Esos héroes cotidianos

Lo veo muchas mañanas asomado al balcón, en pijama, con la cabeza gacha, en apariencia distraído, pero a la vez muy atento a cuanto acontece en las gastadas aceras o sobre el maltrecho asfalto de la calle. Tiene el pelo cano y, como cabría esperar en un hombre de su edad, algunos claros. No sé nada de él, ni cómo se llama ni si vive solo ni si tiene familia ni si está enfermo. A veces juego a imaginar qué estará sintiendo al contemplar este horizonte urbano de hormigón y acero, seguramente tan diferente al de su niñez en algún pueblo hermoso del interior, lleno de naturaleza y de vida, pero también de pobreza y penurias... y me invade una ligera tristeza.

21 octubre 2011

La vergüenza

No puedo encontrar otra palabra para describir lo que ha ocurrido en Atenas en estas dos jornadas de huelga general. Son muchas las que se me agolpan en la mente, pero parece que todas se quedan cortas para definir una situación confusa y compleja.