Mostrando entradas con la etiqueta TEATRO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta TEATRO. Mostrar todas las entradas

15 julio 2013

El museo de los sentimientos

El Museo Benaki de la avenida Pireós es una de las joyas museísticas menos conocidas por los turistas. Colosal rectilíneo de ladrillo rosáceo diseñado por los arquitectos María Kokkinou y Andreas Kourkoulas, la facción dedicada al arte contemporáneo de la Fundación Benaki se alza como un enorme arca que alberga interesantísimas exposiciones y todo tipo de actos culturales sobre la mar arbolada de antenas y hormigón que conforma las entrañas del barrio de Gazi.

25 abril 2013

F de Felicidad

Zanasis Efcimiadis ha sido, sin saberlo, uno de mis muchos profesores "extraoficiales" de griego, a los que debo, aparte de muchos momentos de deleite, gran parte de lo que hoy sé, ya no solo en el plano lingüístico o cultural (entendiendo este como la cultura más o menos "oficial" de un país), sino a todo aquello que de un país solo se aprende mediante la participación activa y la inmersión absoluta en su sociedad. Digo que Zanasis no sabe que ha hecho las veces de profesor, porque ni siquiera me conoce, aunque el pasado lunes a punto estuve de acercarme y decírselo en persona, pero como de costumbre, me venció la timidez...

16 diciembre 2012

En busca de la felicidad

Ηasta ahora no me había percatado de la cantidad de mercadillos y actos benéficos que se organizan en Atenas con motivo de las fiestas navideñas. El frío arrecia y aunque la mitad de las calefacciones están sumidas en un profundo letargo por la brutal subida del gasóleo, la ciudad intenta caldear un año más los gélidos ánimos de la crisis a fuerza de lucecitas en los balcones de las casas, las farolas y los árboles en calles y plazas y un sinfín de bazares navideños en diversos establecimientos e instituciones.

Este finde la agenda estaba apretadísima. El parque cultural Technopolis albergaba el Bazar del Libro. Fuera la cola era espectacular; dentro el gentío, insufrible. No era para menos: todos los libros a 1€, a beneficio del Centro de Acogida y Solidaridad de Atenas. Después decidí apoyar al pequeño comercio local y me perdí en los múltiples bazares de los negocios de Kukaki, mi barrio. Desde los accesorios hechos a manos por Katerina en su nueva tienda, inaugurada hace unas semanas, hasta los objetos de decoración vintage del Tintinambulum, el anticuario del barrio, alojado en una de las joyas neoclásicas que aún se conservan a las faldas de la colina del Filopapo. Ni que decir tiene que allá donde íbamos, nos convidaban a té, chocolate caliente y toda clase de dulces (caseros, por supuesto, ¡esto es Grecia!). 
 
En mitad del clima enrarecido y pesimista de los últimos tiempos, tengo la impresión de que esta Navidad intenta aportar una chispa más de calor que la anterior. En primer lugar, por ellos, por los niños, los verdaderos protagonistas de esta fiesta. Pero también un poco por el resto, que también necesita una tregua, un receso en la carrera incansable que es llegar a fin de mes cada vez con menos dinero en el bolsillo y más impuestos que pagar. La vida, en cualquier caso, continúa. No puede ser de otra manera. Independientemente de los infortunios que depare la Historia en la época que a cada cual le toque vivir.

Precisamente este es el eje central entorno al que se desarrolla la excepcional obra Hijos e hijas (Γιοι και κόρες) que se escenifica cada fin de semana en la sala del siempre innovador bar Bios. El autor y director, Yiannis Kalavrianos, recorrió todo el país haciendo a los más viejos del lugar la misma pregunta: "¿Podría recordar alguna historia que marcó su vida?" Sin más apuntes ni sugerencias, 85 hombres y mujeres narraron las historias que cambiaron sus vidas para siempre. Muchas de estas se funden con los acontecimientos clave la historia reciente del país: las Guerras Balcánicas (1912-13), la Ocupación alemana (1940-45), la Guerra Civil (1946-49), la Dictadura de los Coroneles (1967-74)... Historias llenas de amor, miseria, inocencia, odio, infidelidades, injusticia..., que, narradas por sus protagonistas muchas décadas después, recobran vida encarnadas en cinco jóvenes actores sin más artificio que su talento. Una lección para esos jóvenes de hoy que, criados entre algodones, se ahogan en un vaso de agua, ante la primera adversidad. Un himno a la vida, con todo lo que conlleva, las alegrías y las penas, las luces y las sombras, los gozos y los martirios. Un mosaico hecho de las pequeñas historias de la vida que se desarrollan a la par que --pero siempre por debajo de-- la Historia oficial de las naciones. Para aquellos que visiten Atenas en estas fechas y sepan griego, un must-see sin condiciones. Al término de la función se sentirán mejor consigo mismos, más felices.

14 junio 2010

Nada es para siempre


Como si no lo supiéramos, pero hay días en que conviene recordarlo...
El verano ha hecho su entrada triunfal a principios de junio. De fondo, la creciente preocupación por el incierto futuro económico ya no sólo de los griegos, sino de todos los europeos. Para abstraerse un poco y sobre todo para relativizar, nada mejor que dejarse caer por el muy in bar Bios, en el centro de Atenas; no subiremos a su fabulosa terraza (de eso ya hablaremos otro día). Esta vez nos quedamos en la planta baja, pero sin quitar ojo a la calle. Durante algo más de una hora, y en el marco del Festival de Atenas, la vanguardista compañía de teatro Omada Blitz recrea con nosotros los últimos días del Mundo. A través de la cristalera del local y gracias a unos auriculares de frecuencia inalámbrica asistimos en directo a la gran debacle, que tiene lugar fuera, en la calle, convertida en un escenario infinito con el denso tráfico de vehículos y transeúntes que se cuelan sin saberlo en la función.  Indiferencia, miedo, euforia, incertidumbre, ingenuidad, amor, soledad, nieve y hasta una lluvia de pompas de jabón... Todos los sentimientos y sensaciones se suceden en apenas una hora, en que todo ocurre a un ritmo cada vez más vertiginoso, más impactante e hipnotizador, hasta tal punto que nos olvidamos por completo de todo, del endemoniado calor de la sala, de nuestras miserias cotidianas que en ese momento nos parecen tan nimias...
Nada es para siempre. Ni nuestras tremendas preocupaciones. Ni las noches de verano. Ni siquiera el Universo.

20 mayo 2010

La vida sigue (igual)

Atenas vuelve a paralizarse un día más por una nueva huelga generaloide. Y digo generaloide porque, si bien es cierto que hoy el país funciona a medio gas, el hecho es que sigue funcionando. La gran diferencia entre una huelga general en España y en Grecia (además de que a los españoles sólo parece movilizarnos un atentado o una ley antibotellón) es que aquí sólo la cumple a rajatabla el sector público. Las calles de Kukaki tenían hoy un ligero aire ocioso, más perezoso que festivo, pues el tráfico era pausado y agradable y aunque se notaba que había más gente disfrutando del buen tiempo en las terrazas de las cafeterías, todos los comercios y supermercados estaban abiertos.

Han pasado exactamente 15 días desde aquella otra manifestación teñida de humo y sangre, cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo y aunque en el imaginario colectivo universal haya quedado la impresión de que la ciudad sigue en llamas (inciso: ardieron "solo" dos edificios en una ciudad de casi cinco millones de habitantes), la realidad es bien diferente. El griego medio hace frente como puede a la nueva situación económica, pero sigue viviendo, trabajando y disfrutando de un país que, aunque en apuros, sigue ofreciendo los frutos de tradiciones milenarias que, junto a sus miserias, compartimos todos los pueblos mediterráneos.

Anteayer un amigo me regaló el programa del Festival de verano de Atenas, que arranca el primero de junio con espectáculos que van desde Shakespeare a Tennessee Williams, del jazz al fado, de la fotografía al montaje audiovisual en quince recintos en Atenas y alrededores. Como colofón, Sófocles y Aristófanes (pero también un Cavafis musicalizado) en el Antiguo Teatro de Epidauro, de más de dos mil años de antigüedad. La economía son ciclos. Como la vida misma.