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01 julio 2013

No solo de frappé vive el griego

Ahora que llega el verano y esta tierra se convierte en lo más parecido a un paraíso terrenal, no podía dejar de tratar uno de mis mayores deleites: los exquisitos cafés fríos. Lo primero que hay que entender es que en Grecia el café es un ritual y como tal requiere tiempo y preparación y su precio va en consonancia. Probablemente estos sean vestigios de su herencia oriental, pues lo cierto es que aquí nadie se toma el café en menos de una hora (para eso se compran uno para llevar en cualquiera de los locales de snacks y bebidas que trufan las calles de cualquier ciudad). Tampoco se improvisan tan fácilmente los cafés en esta tierra: la elección de la cafetería no es tema baladí, lo cual tiene su lógica, pues un café en grupo puede alargarse horas...

09 septiembre 2012

Riña de gatos

Iraklio no es lo que se dice una ciudad bonita. Sobredimensionada por su estatus de capital administrativa de Creta, la parte moderna de la ciudad, que recuerda a la peor Atenas, ha fagocitado su elegante casco histórico, legado en su mayoría por los venecianos. Con todo, Iraklio sigue siendo un mal necesario, una base estratégica de entrada y salida de la isla y un campamento base sin par para plantarse en Knosós, el corazón de la civilización minoica, a primera hora de la mañana, antes de que las hordas de turistas profanen el lugar, que el sol impenitente irá arrasando conforme pasan las horas.

28 abril 2011

Lo mejor de Oriente y Occidente

Milhojas
De mis visitas y breves estancias en Grecia, mucho antes de mudarme a Atenas, fui atesorando diversos recuerdos sensoriales, olores y sabores aletargados en algún rincón de mi cabeza que de pronto revivían cuando el estímulo adecuado los activaba. Así, como la magdalena de Proust, los condimentos de un bifteki, la pastosidad del sésamo y la miel o la amarga espuma de un refrescante frappé hacían que se agolparan en mi mente los recuerdos de veranos pasados bañados por el sol. Sin embargo, no fue hasta hace unos meses cuando, un día cualquiera, en una calle cualquiera de esta inmensa mole urbana, descubrí, para mi sorpresa, un nuevo elemento de esta anamnesis olfativa que hasta ese momento había permanecido oculto: el penetrante olor a canela y azúcar, que con una sola inspiración activa los mecanismos cerebrales que ordenan la salivación inmediata. A apenas una decena de metros, haciendo esquina, me esperaba una de las muchas y exquisitas confiterías que salpican no sólo Atenas, sino toda Grecia.

Siropiastá
 Y es que lo prometido es deuda, y no podíamos dejar pasar un día más sin hablar de la excelente repostería de este país, que nada tiene que envidiar a la del resto de Europa; más bien diría yo al contrario, pues aquí se funden la tradición pastelera europea con la oriental, aderezadas con el toque típico de la tierra y un mimo en la preparación, que si se aplicara en otros ámbitos, éste sería un país mucho mejor. En efecto, para los "dulzólatras", la visita a una pastelería griega es obligatoria, porque aquí, el dulce es el protagonista por sí solo, no queda supeditado al café ni se le considera mero acompañante de este. El dulce es la estrella de la tarde y no resulta en absoluto extraño acompañarlo simplemente de un vaso de agua fresca que, como bien saben los que han tenido la suerte de dejarse caer por aquí, es lo primero que te plantan en la mesa en cafés bares y tabernas, siempre, claro está, cortesía de la casa.



Chocolatinas
Me resulta dificilísimo dar cuenta de la extensísima variedad de tartas, pasteles y pastas que se pueden (y deben) degustar en las confiterías de esta ciudad, pero no puedo dejar de mencionar: los exquisitos milhojas que nada tienen que envidiar a los franceses, los sublimes siropiastá (pastelillos de pasta filo y frutos secos, bañados en sirope) y en especial el baklavás, los bizcochos, ya sean los borrachos (de diferentes sabores: sokolatópita de chocolate, karidópita de nueces...) o el ternísimo tsureki (muy típico de Pascua), sin olvidar la interminable variedad de chocolatinas rellenas, con sus vistosísimos envoltorios plateados (amén de los dulces navideños, de los que ya hablamos en su momento). Era mi intención dar un par de direcciones para orientar al visitante, pero de verdad el nivel de la repostería helena es tan alto que casi cualquier confitería le dejará más que satisfecho. Así pues, prefiero dejar que sea el cálido olor a canela y azúcar quien lo asalte cuando menos se lo espere, en la calle más mundana, guiándolo a estos
recónditos museos de la delicia.

¡Feliz tentación!

Tsureki
Baklavás 

25 diciembre 2010

Dulce Navidad

Una de las sorpresas mayúsculas que depara esta tierra al visitante es, sin duda, su variada y exquisita repostería. Las confiterías griegas y los dulces tesoros que albergan merecen un post exclusivo, pero tal día como hoy es obligatorio hacer mención a los dulces navideños. En efecto, en estas fechas aquí como en casi todo el mundo lo dulce ocupa un sitio privilegiado en la mesa. Sin embargo, a diferencia de otros países aquí los dulces navideños son todavía caseros, mucha gente los sigue preparando en el calor del hogar, con premura y ayuda de la familia. 
No puedo dejar que termine este año diez sin nombrar (¡y mostrar!) estos dulces casi divinos: 

- melomakárona. Mis favoritos, con diferencia; esponjosas y jugosas "galletitas" de nuez, miel y ralladura de naranja. Altamente adictivos.

- kurabiédes. Menos dulces que los anteriores, por fuera parecen hojaldrinas cubiertas de azúcar glas, pero cuando les hincas el diente, su textura es terrosa y suave, mucho más fina que la del polvorón. Su ingrediente principal es de nuevo la nuez.

- vasilópita. La versión griega de nuestro roscón de Reyes: un apetitoso bizcocho (a veces hecho con masa de brioche), que esconde en su interior una moneda que traerá buena suerte al que la encuentre. Se corta el día de Año Nuevo, festividad de San Basilio o Ai-Vasilis (de ahí su nombre), que así llaman los griegos al gordo vestido de rojo que les trae (a ellos también) los regalos.

Volveremos a hablar de la repostería griega, pero eso será el año que viene. Hasta entonces, tengamos todos una muy dulce Navidad...