20 agosto 2011
16 agosto 2011
Crónicas de la ciudad fantasma
A pesar de la fuerte presencia de turistas que recorren las callejuelas del centro y se encaraman a la Acrópolis o al Areópago, fuera de los circuitos turísticos Atenas queda estos días reducida a un desierto de asfalto y hormigón, habitado solo por un puñado de personas, muchas de tez oscura o manos arrugadas. Afuera todo parece desarrollarse de forma lenta y perezosa, excepto el crepitar frenético de las cigarras. Incluso los quioscos, emblema cotidiano de la Grecia contemporánea, están cerrados. Esta pesada calma de aceras desnudas y persianas bajadas hace que te fijes mucho más en la poca gente que se cruza en tu camino, preguntándote a qué dedicarán estos días de sol y plomo, si sus trabajos les obligarán a permanecer aquí o es el bolsillo quien les impide marcharse, si cuando lleguen a casa alguien les estará esperando o si se encuentran solos...
Las grandes ciudades son siempre desiertos llenos de gente, pero estos días Atenas es un desierto vacío.
08 agosto 2011
Sérifos
(Suspiro de piedra en mitad del Egeo)
30 julio 2011
¿Es esto amor?
Uno se da cuenta de que ha vivido en un mismo lugar más tiempo del que
debería cuando empieza a encontrar atisbos de belleza en la fealdad más
absoluta. Como cuando nos enamoramos. Más allá de la magia de sus
monumentos milenarios, el encanto de sus entrañables tabernas y la
bulliciosa animación de sus paseos, desde hace un tiempo me sorprendo
admirando escenarios urbanos que en otras circunstancias no me habrían
llamado en absoluto la atención o incluso me habrían horrorizado, como
una avenida Singrú desierta o algunas viviendas del centro que aún
supuran un señorío decadente.
10 julio 2011
El vals de los sueños perdidos
Con esta obra del genial Manos Hatzidakis como acompañamiento a una de las magníficas coreografías que se pusieron en escena en el Estadio Kalimármaro, Atenas clausuró esta semana los Special Olympics. La ceremonia, mucho más sencilla que la de inauguración y aun así mucho más bonita y elegante, me hizo pensar, una vez más, lo mal que se vende este país... y así le va. Podría con gusto extenderme sobre los diferentes números, algunos de un gusto exquisito, que compusieron la ceremonia en un estadio Panatenaico a medio llenar a causa del elevado precio de las entradas, a sabiendas de que los griegos han pasado olímpicamente de estas Olimpiadas, valga la redundancia.
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