01 abril 2011

El consuelo del pobre

Siempre he pensado que el único consuelo que les queda a los pobres es la luz o, en su defecto, el calor. Ya sea en forma de plato de sopa bien caliente, que será lo único que no falte en la mesa del pobre, o en forma de enorme bola de fuego que de pronto con su sola presencia alivia las preocupaciones, endulza las penas y acaricia el alma. Es esta reflexión obligada el día de hoy, primero porque es verdad, y además porque estos primeros días en que despunta la primavera, la naturaleza ha empezado a recompensar a quienes aún quedan a bordo de este país a la deriva. Porque si últimamente me he sentido identificado con alguien, es con el marinero que se resiste a abandonar la nave aunque esta parezca haber perdido el rumbo y dirigirse al precipio que marca el fin del mundo (¡ah, pero la tierra no era redonda?).

Lo es. Un poco achatada, según cuentan, pero pese a todo esférica; o sea que si no erramos mucho nuestra trayectoria, nuestra ruta completará pronto su ciclo y donde estoy estuve, y donde estuve estaré, etcétera. Como nuestro planeta, resulta que las estaciones también son cíclicas (otra cosa es que a veces nos vengan mejor o peor dadas), así que no deja de ser curioso que nos sorprendamos tanto cuando llegan esos primeros haces de luz celestial... Del mismo modo, nuestros estados de ánimo son cíclicos, porque cíclicos suelen ser también los factores que los provocan, aunque esto lo olvidamos con más facilidad... Y yo no sé si habrá sido el azar, la estancia insospechada de tres o cuatro planetas en la octava casa de Virgo, o el Mercurio retrógrado (anádromos Ermís lo llaman aquí, que suena mucho mejor), pero en mi caso particular, ambos ciclos, anímico y estacional, han convenido en cambiar a la vez... otra vez.

15 marzo 2011

De repente

La protagonista de una película de Almodóvar afirma que las cosas más raras pasan "de repente". Esta frase siempre me ha parecido muy cómica, en parte quizá porque encierra una gran verdad. En este "todo fluye" de la existencia, lo único que podemos tener por seguro es que nada lo es. Lo pensaba esta mañana tras ponerme al día de los últimos acontecimientos en Japón, donde la destrucción y la muerte se han instalado "de repente". Esta catástrofe inesperada (no sé hasta qué punto impredecible) ha nublado los luminosísimos días que han seguido a las nevadas en el Ática y auguran certeros la llegada de una ansiada primavera. Imagino que los interrogantes que plantean en la televisión pública griega son los mismos en todos los países del mundo: ¿podría pasar lo mismo aquí? Sinceramente, yo prefiero no pensarlo, aunque intuyo la respuesta.

En Grecia no se cuestiona tanto la seguridad de las centrales nucleares (puesto que no hay) cuanto la resistencia de las construcciones en caso de un seísmo similar, pues es ésta zona de intensa actividad sísmica. Supongo que, como en otras partes del mundo, el miedo se basa en el mismo plantamiento: si esto ha ocurrido en uno de los países con mejores infraestructuras del mundo, ¿qué podría suceder aquí? En 1999 un temblor de magnitud 6.0 causó numerosos destrozos y dejó más de un centenar de muertos en la región de Atenas. Algunas construcciones se vinieron abajo y muchas otras sufrieron desperfectos de diversa consideración. Para valorarlos, se creó un código tricolor: rojo para los edificos que presentaban los desperfectos más graves, muchos de los cuales debieron ser demolidos, amarillo para los que presentaban importantes desperfectos y verde para los que no habían sufrido daños significativos. Esto solo en construcciones modernas. Curiosamente, los monumentos arqueológicos quedaron prácticamente intactos.

El hombre contemporáneo, empeñado en convertirse en dios, parece darse cuenta una vez más de que no lo logrará jamás, ni siquiera en nombre de la divinizada Ciencia. Todo esto ando pensando en esta soleada mañana de marzo, en la terraza de una cafetería desde donde se divisa una esquinita de la Acrópolis. Entonces, casi tres milenios atrás, los hombres no jugaban a ser dioses, sino que atribuían los fenómenos naturales al capricho de éstos. Puede que entonces, como ahora, no hubiera más dios que la Naturaleza. Puede que algún día empecemos a tomárnosla tan en serio como esas religiones creadas por el hombre y nos lo pensemos dos veces antes de alterarla a nuestro antojo en nombre del progreso. Sólo espero que no tengamos que aprender la lección "de repente".

02 marzo 2011

Atenas todo el año


Fría mañana de invierno en el centro de Atenas. A pesar de que el turismo parezca haberla condenado de por vida, esta no es ciudad para el verano. Es más, en estos meses de temporada baja es cuando la ciudad bulle frenética, con sus cafés y bares a rebosar, música en directo noche tras noche en sus locales nocturnos, producciones teatrales para todos los gustos, exposiciones de todo tipo, seminarios y conferencias… Además, sólo ahora se puede apreciar la majestuosidad de sus monumentos milenarios con recogimiento casi religioso, sin temer ser aplastado por hordas de turistas ni abrasado por el llameante sol del Sur que cae como una losa de cemento sobre la cabeza.

Aunque son raros los días de frío excesivo, este último sábado de febrero vuelve a cumplirse el viejo refrán popular Mártis gdártis (Marzo el desollador). El tiempo casi primaveral de hace un par de semanas se ha recrudecido y los termómetros han acordado plantarse en la media docena de grados. Pese a todo, me recreo en mi periplo matutino por el centro histórico. La ciudad tiene otro color sobre este fondo gris cielo y este ambiente semifestivo del sábado.
 Cuando la sensación hipotérmica se me hace insoportable, decido parapetarme en  compañía de una amiga en una de esas cafeterías griegas que abren casi de sol a sol, pasando del café a las copas en cuanto cae la noche. Tras visitar la pequeña exposición de pintura en la entreplanta del local, por fin consigo entrar en calor gracias a un humeante té de jazmín, mientras mi amiga da cuenta de las múltiples actividades que se avecinan. Y en ese momento, compartiendo con otra veintena de clientes la inmensa mesa de madera del mítico Booze Cooperativa en la céntrica y sombría calle Kolokotroni, me doy cuenta de lo mucho que tiene que ofrecer esta ciudad con tan sólo rascar un poquito, más allá de los monumentos arqueológicos y las pintorescas tabernas de Plaka, en las otrora comerciales calles del centro, hoy poco transitadas y repletas de rincones mágicos, dignos de visitar todo el año, aunque haga frío.

22 febrero 2011

Saldremos de esta

Hace días que me ronda por la cabeza esta frase, como una especie de eslogan sindicalista o de tranquilizador consejo de abuela. Mañana este país se volverá a paralizar (esta vez parece que masivamente, por primera vez en muchísimo tiempo) para reclamar (mucho me temo que en vano) al Gobierno una política socio-económica más justa o, dicho en román paladino, que deje de estrangular a los ciudadanos. La Grecia de hoy, la de febrero del once, poco tiene que ver con la imagen de país simpático, ocioso y bañado por el sol que el extranjero se ha ido forjando en su mente, ya sea por experiencia propia o meramente de oídas. 

A las cada vez más duras medidas impuestas por el Gobierno desde que el FMI "rescató" al país (a ver quién rescata ahora a los griegos) hay que sumar la psicosis colectiva que se contagia por vía audiovisual a través de la prensa, la radio y la televisión, como el famoso virus H1N1. Las insistentes huelgas salvajes de todos los colectivos imaginables durante los últimos meses son un pesado ingrediente más de este potaje indigesto que los ciudadanos griegos están obligados a tomar por la fuerza... Pero como ya dijimos en su momento, nada es para siempre, ni tampoco lo será el crispado clima y los ánimos plomizos de este invierno raro... Dentro de poco, cuando empiecen a despuntar los primeros rayos del invicto sol mediterráneo, la intensa luz del Sur caldeará los rincones más sombríos y húmedos del espíritu y los ánimos empezarán a endulzarse... La vida seguirá su ciclo y, como suele pasar con estas supuestas pandemias del XXI, el contagio habrá sido más virtual (por vía audioviosual) que real (en nuestro pellejo). Puede que para entonces algunos se hayan quedado en el camino, sí, pero lo único certero es que habremos salido de otra más.

30 enero 2011

Ordenando el caos

Sé que puede sonar, si no contradictorio, cuanto menos paradójico. No obstante, es lo que me vino a la cabeza cuando entré en la página web www.apergia.gr, de la que me hablaron hace unos días. Aperyía significa "huelga"; aneryía, en cambio, es "paro". Durante años siempre confundía ambas palabras, en parte porque me eran relativamente ajenas, pero hoy las distingo perfectamente: aperyía es el martirio diario de los griegos; aneryía, por su parte, es la pesadilla de los españoles. Por desgracia, ya no puedo decir que estos términos me resulten ajenos; en contrapartida, al fin he aprendido la lección. He aquí otra paradoja.

Volviendo a www.apergia.gr, la web debe su nombre a su objetivo principal: informar puntualmente a los sufridos ciudadanos de todas las huelgas que tienen lugar a lo largo y ancho del país, porque aunque no lo saquen en los telediarios (no hay sangre, ni pedradas, ni incendios), este país va a trompicones desde hace meses debido a las múlitples y repetidas huelgas en todos los sectores. La semana que entra nos recibe con una nueva huelga de 24 horas (sin servicios mínimos, que eso aquí no se estila) en toda la red de metro. Además, los autobuses la guinda el martes y el miércoles con una huelga de 48 horas. Pero ahí no queda la cosa: la semana que termina nos dejó una huelga "rotatoria" de farmacéuticos de 72 horas (es decir se repite cada cuatro o cinco días). Parece, no obstante, que la semana que viene nos darán un respiro, porque les toca a los médicos de la Seguridad Social, que harán una huelga de nada menos que cuatro días (por suerte, en Sanidad sí hay servicios mínimos). Y así, un largo etcétera.

El caso es que ahora esta página web está intentando ordenar el caos que una buena huelga siembra en derredor (y aquí estamos hablando de un puñado de huelgas semanales) y, sinceramente, no debe de estar haciéndolo nada mal, (ya tiene más de cuatro mil fans en Facebook), por muy paradójico que suene esto de ordenar el caos... Claro que más paradójico es que los flashes de medio mundo estuvieran enfocando a Grecia hace ahora casi un año, cuando el "país" (en toda su abstracción) debía ser "rescatado", proyectando al mundo una imagen mucho más grave que la real, y hoy esos mismos flashes parezcan haberse apagado para siempre, precisamente cuando los ciudadanos (las personas) de verdad sufren las consecuencias de esta crisis, es decir, en el día a día, en los desorbitados precios de la gasolina, en el abusivo aumento del billete de metro (¡un 40%!) o en la parada de un autobús... que no llega.